Como Presidente de la Asociación Nacional de Escuelas Cristianas (ANEC), mi compromiso no solo es representar a nuestras instituciones, sino asegurar que cada paso que damos esté alineado con la excelencia que nuestra misión nos exige. Hoy me encuentro inmerso en una de las tareas más gratificantes y estratégicas de mi labor: la actualización y revisión detallada de nuestra agenda para el ciclo 2025-2026.
Al revisar cada publicación y cada recurso en nuestro portal web, no solo veo fechas o programas; veo oportunidades de transformación para cada director, maestro y estudiante en México. Planificar el segundo semestre de este ciclo escolar es, para mí, un ejercicio de responsabilidad y esperanza.
El beneficio central de este proceso de revisión es la garantía de relevancia y alineación espiritual en nuestras herramientas de gestión. No se trata simplemente de llenar un calendario; mi objetivo es asegurar que cada recurso que llega a sus manos sea una herramienta de vanguardia que responda a los desafíos actuales de nuestras escuelas. Al supervisar personalmente estas actividades, me aseguro de que la innovación educativa y nuestros valores fundamentales caminen de la mano, brindando a los directores la confianza de que ANEC camina a su lado en cada reto.
Estamos construyendo un camino sólido donde la calidad académica y la fe no son paralelas, sino una sola fuerza que impulsa a nuestras instituciones hacia el futuro.
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